Capítulo 2. El neumático, el árbol y las ilusiones.
A la mañana siguiente, el cielo empezaba a clarear y los habitantes
del pueblo salían de la Iglesia para dirigirse a sus casas, rezando para que no
se hubieran producido destrozos.
-¡Nesa! –gritaba Rick por toda la Iglesia-
-Tranquilo Rick, se fue al amanecer junto a su
madre y las gemelas Lume- dijo el sacerdote-
-¿Quiénes? ¿Aine y Wen? –preguntó
desconcertado-
-Sí, que yo sepa, no hay más gemelas en el
pueblo- respondió el sacerdote con una sonrisa burlona en la cara-
-Es verdad… -dijo Rick avergonzado- Gracias.
**
-¿De verdad se cumplen los sueños en Lémnar? –preguntaba Wen con un
brillo de esperanza en los ojos-
-Eso dice el sacerdote…-respondió Nesa- ¡Yo
quiero encontrar la Isla del Destino para conseguir un unicornio! –gritó-
-Pues yo creo que son autenticas patrañas y
sueños de niña pequeña…-saltó Aine-
-Niñas, niñas, basta, no empecemos otra vez con
las peleas-renegaba la madre de Nesa-
-Toc, toc.
-Adelante –dijo Nesa-
-Hola, ¿podéis salir a dar una vuelta?
–preguntaba Rick nervioso esperando un si por parte de las chicas-
-Recordad que sólo tenéis seis años, no tardéis
demasiado y no paséis de la Iglesia. –dijo la madre de Nesa-
-¡Adiós mamá! –dijo Nesa-
-¡Adiós Helen! –dijeron Aine y Wen a la vez,
como siempre-
Los tres niños se dirigían a
la Iglesia del Neumático, eran pequeños y en ellos albergaba el sentimiento y
la esperanza de que Lémnar existiera pero, no podía ser verdad, era sólo una
leyenda.
Las gemelas Lume se peleaban
por un cristal en forma de gota de agua que habían encontrado.
-¡Es mío, lo he encontrado yo
primero! –decía Wen-
-¡De eso nada, yo lo vi esta
mañana pero se me olvidó cogerlo! –replicaba Aine-
Mientras las gemelas se
peleaban entre sí, Nesa iba con la vista perdida en las nubes y Rick, a su lado
ajeno a todo, pensando.
Nesa llevaba un vestido
blanco de mangas cortas y un lazo rojo en la cintura, las gemelas iban iguales
a excepción del lazo que llevaban en su pelo castaño sujetando la coleta. Rick
las distinguía porque la que siempre lleva el lazo azul es Wen y la que siempre
lo lleva blanco es Aine, el siempre llevaba una camisa blanca y unos pantalones
azul marino.
Al llegar al neumático que
colgaba del árbol de la Iglesia las gemelas volvieron a empezar una pelea por
quién se columpiaba primero. Rick y Nesa se sentaron pensativos en la hierba
salpicada por margaritas.
-¿Crees que sería posible?
¿Volar entre las nubes cogidos de la mano como si todo fuera un sueño? –dijo
Rick-
Nesa no se esperaba para nada
aquella pregunta por parte de Rick, las palabras no conseguían salir para
formar la respuesta.
-No hace falta que respondas,
los dos sabemos que es imposible, eso nunca ocurrirá, no es más que una
fantasía.-dijo Rick levantándose y tendiéndole la mano a Nesa en señal de
volver a casa.
Ella quería responder, quería
decirle que para ella todo era posible si crees en la imaginación y que no hay
mayor poder que el del corazón.
Mientras volvían a casa, la
piedra de cristal en forma de gota de agua colgaba del cuello de Wen, al llegar
al cruce entre la Iglesia, la montaña y el lago; las gemelas se despidieron de
Rick y Nesa, emprendiendo el camino hacia la montaña.
**
Los padres de Aine y Wen se encontraban
trabajando en el huerto cuando las niñas llegaron, después del trabajo de toda
la tarde los ropajes de los padres andaban llenos de tierra y manchados por el
sudor.
—Hola niñas, ¿qué tal os ha
ido todo hoy? —preguntó la madre al verlas—
—Muy bien madre.
—respondieron a la vez—
—Me alegro, id a lavaros para
la cena, en seguida entraré y os la prepararé — continuó la madre —
Mientras las niñas se lavaban
y ponían la mesa, sus padres terminaban de recoger la cosecha que había sobrevivido
a la tormenta.
Las niñas estaban jugando al
pilla-pilla dentro de casa cuando sus padres entraron por la puerta , las niñas
se sobresaltaron, dejaron de jugar y ayudaron a preparar la cena.
—Wen, ¿dónde has encontrado
ese colgante? —preguntó su padre—
—Cerca de la Iglesia padre,
esta mañana al salir de la Iglesia para volver a casa, junto al árbol del que
cuelga un neumático—respondió Wen nerviosa—
—Ese colgante podría
pertenecer a otra persona, mañana deberás llevarlo a la Iglesia por si alguien
lo reclama—continuó su padre—
—De acuerdo… —respondió Wen
un tanto triste—
**
Al llegar a la orilla del lago Nesa insistió en
que Rick la acompañase a su casa para no ir sola. Cuando llegaron a la puerta, la
casa desprendía un olor a estofado delicioso.
—Pasad los dos.—dijo la madre
de Nesa a través de la ventana—
Al abrir la puerta el
estofado estaba servido en la mesa listo para ser probado.
—Rick, preferiría que te
quedases a cenar y a dormir ya que tu padre sigue en la Iglesia, así no me
quedo preocupada—dijo la madre de Nesa— Además tengo entendido que tu padre
volverá a casa mañana.
—Sí, mañana vuelve, aunque
tendrá que reposar en su cama durante unos días más…—respondió Rick evadiendo
la indirecta de la madre de Nesa con respecto a quedarse con ellas.
—Me alegro, siéntate, ya te
he servido el plato.—dijo Nesa con una sonrisa en la boca—
Rick se sentó, probó el
estofado y le encantó, al terminar la cena todos se acostaron, como el padre de
Nesa había muerto, Nesa durmió junto a su madre esa noche y Rick durmió en la
cama de Nesa. Aunque ambas camas eran cómodas y el sonido de los pájaros por la
noche inducía a dormir, aquella noche no durmieron ni Rick ni Nesa, se pasaron
la noche pensando de nuevo en la leyenda de Lémnar.
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