Capítulo 1.

Capítulo 1. La leyenda.

Era noche de tormenta, todos los niños del pueblo junto a sus familias se refugiaron en la Iglesia del Neumático.
Los truenos hacían retumbar las paredes de la Iglesia, algunos de los niños lloraban de miedo, otros por  no encontrar a sus padres. Una niña estaba sola, no lloraba, mantenía la vista fija en la lámpara de cristal situada en el centro del techo que iluminaba completamente la Iglesia.
Con cada trueno, la lámpara parecía moverse cada vez más, debajo, su madre repartiendo pan a los niños que lloraban.
La niña permanecía petrificada sin poder moverse ni despegar sus labios, sabía que si permanecían ahí, la lámpara cedería y mataría a los niños y a su madre.
En cuestión de minutos los truenos aumentaban su estruendo y se producían cada vez más continuos, la madre de la niña terminaba de repartir pan y los niños de su alrededor se iban poco a poco disfrutando de los sabrosos bollitos de pan tostado a fuego lento que les habían dado. Un trueno más fuerte de lo normal hizo ceder a la lámpara.
-¡Mamá! –gritó la niña, corriendo hacia su madre-
Un niño de unos dos años más grande la agarró de la mano y la impidió seguir corriendo hacía su madre.
Todo parecía perdido para la niña cuando un hombre apartó de un empujón a la madre de la niña, que se encontraba petrificada por el miedo, el hombre no tuvo la suficiente rapidez y acabó con una pierna debajo de un brazo de la lámpara.
Los niños corrían y lloraban por la Iglesia como cabras locas con la llegada de un lobo, sus padres los intentaban calmar mientras el médico asistía al héroe que había salvado a la madre de aquella niña.
-¡Mamá! –gritaba la niña llorando corriendo hacia los brazos de su madre- ¿Estás bien? – preguntaba-
-No te preocupes por mí, Nesa, estoy bien, todo gracias a Van - respondió-
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-¿Se recuperará mi padre? – preguntaba el niño que antes había cogido la mano de Nesa-
-Sí, Rick, lo importante ahora es curarle la herida y dejarlo en reposo, sólo unos cuantos cristales han rozado el tobillo de Van- respondió el médico con una sonrisa amable en la boca que apenas dejaba ver su bigote gris-
Ahora Rick estaba sólo, al menos por ahora ya que su madre murió. Se sentó con la espalda apoyada en un pilar de mármol de la Iglesia y empezó a sollozar. Sus lágrimas recorrían sus mejillas, se encontraban en su barbilla y se estrellaban contra las losas del suelo que pisaba.
-Hey, Rick, todo va a estar bien, el médico ha dicho que sólo necesitará reposo durante un par de días… -dijo la voz dulce de Nesa- Gracias por lo de antes, si no me hubieras cogido, sería yo la herida.
-N-No hay de que…-respondió entre suspiros-
-Venga, ven, el sacerdote nos va a contar una leyenda que nadie conoce – le decía Nesa de rodillas delante de Rick, mientras su pelo negro, liso y largo caía sobre sus hombros a la vez que su flequillo se tornaba a la izquierda con una sonrisa de oreja a oreja en la cara-
Rick vio el brillo que irradiaban los ojos pardos de Nesa y le impulsó a levantarse, coger la mano de aquella chica y sentarse en los bancos a escuchar la leyenda.
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-Silencio por favor. –dijo el sacerdote- Acabamos de contemplar lo fuerte que puede ser la fuerza de la naturaleza y lo débiles que somos los humanos contra ella. En estos momentos  nos encontramos sin luz, como podéis observar, nos limitaremos a encender una velas y a guardar silencio.
-Los que no quieran escuchar la leyenda que contaré a continuación, por favor que se retiren a dormir- siguió el sacerdote-
Nadie se levantó de los bancos por lo que el sacerdote empezó a contar la leyenda:
Hace tan solo unos años, una leyenda sobre un mundo donde los sueños se hacían realidad y todo lo que puedas imaginar se vuelve realidad, recorría los pueblos gracias al boca a boca de los aldeanos. Ésta dejó de divulgarse ya que inducía a los niños más pequeños a hacerse ilusiones sobre una realidad que no existía.
Cuenta pues la leyenda, que hace siglos estalló una estrella y acabó formando un pequeño planeta habitado por dos gigantes de piedra, que poseían corazón humano, y que decidieron dormir eternamente para dar paso a la etapa verde de la vida con la llegada de la primavera.
Los gigantes, dormidos formaron sin darse cuenta dos grandes masas de tierra y vegetación separadas por un océano. En estas dos superficies, se formaron dos continentes donde las distintas plantas evolucionaron junto a las especies, este planeta acabó siendo habitado por diversos tipos de razas con diferentes cualidades mágicas. Al continente del Este rodeado de islas se le nombró Áranel y al del Oeste, con islas al norte y al sur, Lésien. Cada continente tenía sus razas aunque, los dos tenían en común la cantidad de vegetación formada durante los años de evolución…
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La mitad de los niños sentados en los bancos se habían dormido en las piernas de sus padres y apenas quedaban Nesa y Rick cuando el sacerdote preguntó:
-¿Tenéis ganas de seguir escuchando la leyenda?
-Claro.-respondieron a la vez Nesa y Rick.
-De acuerdo, pasaré a nombraros y describiros las diferentes razas del planeta.
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Los Elfos son los más abundantes tanto en Áranel como en Lésien, con sus orejas de punta orientadas al cielo, su piel blanca como la nieve y sus colores de pelo y ojos tan vivos como ellos mismos.
Al principio, la única forma de vida ''humana'' eran los Elfos pero, un grupo de estos traicionó a su pueblo y ahora se les conocen como Los Elfos Oscuros.
Esto originó una guerra entre los ellos por lo que las Estrellas decidieron que era la hora de ayudar a los primeros en cuidar aquella tierra.
Los Enanos vivían en las montañas, los Gnomos convivían con los Elfos y los Árcanos habitaban en las islas de ambos continentes. Todos lucharon junto a los Elfos para derrotar a aquellos que habían intentado desafiarlos, juntos, consiguieron la victoria y los Elfos Oscuros fueron exiliados a los rincones más tenebrosos del planeta.
Con la victoria, los Dioses premiaron a todos con el don de la magia.
Y esta es la leyenda de un planeta originado por el estallido de una estrella y formado por dos gigantes de piedra de corazón humano que dieron paso al desarrollo de la fauna y flora del planeta, la leyenda de Lémnar, donde la paz reina por siempre y los sueños se hacen realidad, a la que sólo se puede llegar a través de La Isla del Destino.
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-Buenas noches chicos.-dijo el sacerdote levantándose-
Rick y Nesa estaban cogidos de la mano inconscientemente, al darse cuenta se separaron bruscamente y se fueron a sus respectivas camas en la Iglesia.

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